Pilar Gargallo impartiendo una formación en un aula digital
Formación

Una formación útil empieza por lo que las personas necesitan aplicar

Una formación no es valiosa por la cantidad de contenidos que incluye, sino por lo que las personas pueden comprender, practicar y trasladar después a su realidad.

Pilar Gargallo4 min de lectura

Diseñar desde la realidad, no desde el temario

Al preparar una formación es tentador empezar por todo lo que sabemos sobre el tema. Queremos ofrecer valor y acabamos construyendo un programa lleno de conceptos, recursos y ejemplos. El riesgo es que el contenido responda más a nuestro conocimiento que a la situación concreta de quienes van a participar.

Para que una formación sea útil necesito comprender primero qué está ocurriendo: qué tienen que hacer las personas después, qué les resulta difícil y qué condiciones encontrarán al volver a su trabajo. Esas preguntas permiten elegir el contenido relevante y descartar lo que, aunque sea interesante, no ayudará a actuar mejor.

Menos contenido, más transferencia

Aprender necesita tiempo para relacionar una idea nueva con la experiencia previa. Cuando encadenamos demasiados conceptos, ese proceso apenas puede comenzar. Prefiero trabajar pocas ideas esenciales, explicarlas con claridad y dejar espacio para probarlas en situaciones cercanas a la realidad de cada grupo.

La transferencia no ocurre automáticamente al terminar una sesión. Conviene hacer visible el puente entre el aula y el día a día: un criterio para tomar decisiones, una conversación que ensayar o una herramienta sencilla que pueda utilizarse al día siguiente. Cuanto más concreto es ese puente, más posibilidades hay de que el aprendizaje continúe.

Aprender no es acumular información. Es poder hacer algo distinto con lo que hemos comprendido.

La participación también forma parte del aprendizaje

Participar no consiste en intervenir por obligación. Consiste en poder formular dudas, contrastar experiencias y comprobar cómo se entiende una idea desde distintos lugares. Una pregunta bien planteada puede revelar más sobre el aprendizaje del grupo que varias diapositivas perfectamente explicadas.

Para que esto ocurra hace falta un entorno seguro y una propuesta clara. Las personas deben saber para qué se les invita a participar y sentir que su aportación será escuchada. El papel de quien facilita no es ocupar todo el espacio, sino sostener una conversación que ayude al grupo a elaborar lo aprendido.

Después del aula empieza la aplicación

Una buena sesión puede generar entusiasmo, pero el cambio se juega después. Al regresar a una agenda llena, incluso una idea valiosa puede quedar aparcada. Por eso resulta útil cerrar con un compromiso pequeño, definido por cada participante y conectado con una situación que realmente vaya a encontrarse.

También ayuda que la organización acompañe. Si el entorno no permite probar, preguntar o revisar lo ocurrido, la responsabilidad no puede recaer únicamente en quien aprende. La formación funciona mejor cuando responsables y equipos comparten expectativas y crean oportunidades para aplicar lo trabajado.

Una pregunta para diseñar mejor

Antes de añadir el próximo bloque de contenido, pregúntate qué deberían poder hacer las personas al finalizar y qué práctica les acercará a ese resultado. Si no encuentras una respuesta clara, quizá no necesiten más información. Quizá necesiten tiempo, contexto o una experiencia que les permita convertirla en criterio propio.

Volver al blog

LA AUTORA

Pilar Gargallo

  • Trayectoria:

    Más de 20 años en marketing digital

He trabajado en empresas tecnológicas y agencias, acompañando marcas, equipos y proyectos. Hoy pongo esa experiencia al servicio de personas y organizaciones desde la formación, el coaching y el mentoring.

Sobre Mí